Características psico-grafológicas del buen comunicador

“La oratoria es la más común y la más potente manifestación del arte porque es el arte de la palabra” (Alves Mendes)

Esencial, la primera impresión.
Al hablar de oratoria y comunicación y, para empezar, es importante no olvidar que la comunicación se realiza tanto con la palabra como con el gesto. La expresión, la impresión, también comunican por sí solas y pueden llegar a tener más poder incluso que la palabra misma.
De estudios sobre este tema, durante los últimos cuarenta años, se ha deducido que más del noventa por ciento de la comunicación que se produce cara a cara es comunicación no verbal. La manera de actuar, de comportarse, la postura, la mirada, el gesto en su conjunto, proporcionan trece veces más información sobre el individuo comunicador que lo que expresa con sus palabras; el número de signos no verbales registrados supera el millón.
La primera impresión es, por tanto, esencial. Como vemos no hace falta a la persona abrir la boca y comenzar a hablar para poder para juzgarla o no como buen comunicador.
Esta primera impresión se forma en los dos primeros minutos de contacto. Es el tiempo suficiente para saber si la persona nos agrada o no. Esta primera imagen será la que prevalezca durante un tiempo y, a medida que vayamos tomando más contacto y conociendo mejor a esa persona, lo único que sucederá será que confirmaremos o no si nuestra primera impresión sobre ella fue la acertada… por eso es tan importante, por su vocación a perdurar, salvo que se aprecie lo contrario.

Regla de oro: Naturalidad.
Ya lo decía Oscar Wilde, “ser natural es la más difícil de las poses”. Regla de oro para comunicar, para comunicar bien, para atraer al público y hacer la oratoria grata es la naturalidad, el ser consciente de uno mismo y estar a gusto con la propia personalidad. Este comportamiento natural llevará aparejada la seguridad, la autoconfianza y la serenidad de verse con la capacidad suficiente para ganarse al interlocutor o al auditorio.

Los pilares de la comunicación.
“¿Puedo esperar que los oyentes se compadezcan de un mal que yo cuento sin sentir dolor? ¿Se indignarán si ven que yo mismo, que los estoy animando, soy el que menos se indigna? Esto es tanto como quemar sin fuego, mojar sin humedad y colorear lo incoloro. Primero deben valernos a nosotros las cosas que queremos que tengan fuerza para nosotros y apasionarnos antes de hacer que otros se apasionen.” (Quintiliano)

Normalmente, existen cuatro razones por las que un orador se puede dirigir a un auditorio:

- Informar: dar noticia o datos sobre algo o alguien.
- Entretener: divertir, animar a los oyentes.
- Convencer: incitar con razones de peso a la audiencia a hacer algo o a cambiar de intención o comportamiento.
- Motivar: preparar mentalmente al auditorio para que lleve a cabo una acción determinada.

Cada una de estas intenciones requiere unas características básicas por parte del comunicador-orador, además de la impecable presencia y la naturalidad antes mencionadas:

• Adecuada preparación sobre el tema que va a exponer.
• Buena organización del discurso.
• Carisma y elocuencia, capacidad para ganarse al público desde el principio del discurso.
• Automotivación y propio convencimiento ante lo que expone para poder motivar a otros.
• Energía en el deseo de transmitir y convencer.
• Expresividad.
• Cierta creatividad y habilidad para la improvisación.

Características grafológicas del buen comunicador.
La naturalidad debe mostrarse en una escritura clara, armónica  y sencilla. La forma curva o mixta, con presencia de ligados altos o gestos tipo originales y espontáneos indicarían inteligencia, creatividad, viveza en la expresión y capacidad de improvisación.
La escritura será vibrante y ligeramente inclinada hacia la derecha para expresar apasionamiento y entrega comedidos hacia el auditorio.
En cuanto al tamaño, será normal. La presión será normal hacia fuerte, lo que daría señales de vitalidad y energía, aún con medida.
Una escritura dinámica, extendida y personalizada, ausente de monotonía y rasgos caligráficos, nos hablará de autoconfianza y automotivación.
Los márgenes habrán de estar ordenados y será esencial la ausencia de choques entre líneas y la limpieza general en el escrito.
La cohesión entre letras será agrupada o ligada lo que, unido a la inclinación hacia la derecha, la presencia de óvalos y rúbrica abiertos también a la derecha  y un margen derecho pequeño o ausente, nos hablará de sociabilidad, carisma, capacidad para transmitir y convencer, facilidad, necesaria en todo buen comunicador para meterse al auditorio en el bolsillo.

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